"La potencia vivificadora"

Lunes 21 de Noviembre, 2016.

Nuestro Pan Diario
“La potencia vivificadora”
(Por: CF Jara)

Versículo para hoy: Marcos 5:41-42; Juan 11:43; Ezequiel 37:12-14
«….Y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.» Mateo 27:53

El Sábado 21 de Abril de este año, la tierra tembló en una región de Ecuador con una intensidad nunca antes vista; el resultado de ello fueron más de siete centenas de fallecidos, miles de heridos y afectados y la histeria colectiva por el temor a la muerte. Sin embargo, al preguntar al pueblo cristiano, todos declaraban que su fe y su confianza estaban en Jesús. Esto se puede explicar, entre otras cosas, pues mientras la potencia destructora de un terremoto causa destrucción, terror y muerte, la potencia vivificadora de Jesús causa paz, gozo pero sobre todo vida eterna en Su pueblo.

La Biblia registra cientos de milagros llevados a cabo por Jesús durante los tres años de Su ministerio terrenal: ciegos vieron, paralíticos caminaron, sordos oyeron, hambrientos se saciaron, mudos hablaron, endemoniados fueron libres y ….muertos revivieron. ¿Qué tenía Jesús que trastornaba las leyes naturales y alteraba los veredictos biológicos? Pero por sobre todo, ¿qué había en Él para que con solo Su voz, Su toque o Su presencia, las personas resucitaran de entre los muertos?

El apóstol Marcos relata en el capitulo 5:41-42, que a la muerte de la hija de Jairo, Jesús tomó su mano y le habló: «Niña levántate» (RVI 1960). Y la niña resucitó. El apóstol Juan nos relata en el capítulo 11:43 acerca de Lázaro, que estando muerto hacían ya cuatro días, al llamado de su nombre por parte del divino Rabino «Lázaro, sal fuera», Lázaro salió de su tumba aún con las mortajas alrededor de su cuerpo (RVI 1960).

Pero Mateo escribe unos de los pasajes poco conocidos y más controversiales de la Biblia en todos los tiempos: 27:50-53 «Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.» (RVI 1960). ¿Que a la resurrección de Jesús se abrieron sepulcros y muchos cuerpos de los santos que habían fallecido se levantaron?... ¿Que estos salieron de sus tumbas y vinieron a la santa ciudad (Jerusalén) y se aparecieron a muchos?

La autoridad de Jesús sobre la muerte se manifiesta de una manera evidente y omnipotente en medio de estos versículos; el Mesías llamó -a propósito- fuerte, claro y preciso el nombre de Lázaro, pues caso contrario, todos aquellos que estaban enterrados alrededor hubieran también resucitado si el Maestro no mencionaba el nombre propio. Por ello, cuando el Cordero santo resucitó, aquellos que despertaron de la muerte junto con Él, debieron hacerlo porque fueron también tocados por el poder vivificador de la vida eterna que rebosaba de la tumba del Hijo santísimo. El mismo Espíritu que levantó a Jesús de los muertos, levantó a aquellos de sus tumbas y nos levantará a los creyentes de las nuestras. Escrito está, y por ello se cumplirá.

Ante los conflictos, problemas, enfermedades y fallecimientos, el solo hecho de conocer que Jesús tiene el dominio sobre la muerte nos debe llenar de la paz y el gozo divinos, para poder manifestar claro, preciso y conciso ante cualquier circunstancia, que Jesús ya nos dio la vida eterna y que no importa cuándo o cómo muramos, la hora y el día de nuestra reunión final con Él ya está escrita en el Libro de la Vida del reino los cielos. Jesús derrotó a la muerte, por lo tanto, nosotros también lo hicimos. Gloria al sempiterno y omnipoderoso Dios de la vida eterna.

Oración: Señor mi Dios, gracias te doy porque en tu salvación me diste el derecho a vivir la vida eterna. Voy a vivir por el resto de mis días pensando en el momento que me reunirás contigo en Tu reino, allá donde no hay más penas, ni llanto, ni dolor ni muerte, sino una vida eterna pletórica de paz y felicidad. Y te ruego a esta hora por aquellos de los míos que no te conocen, ten misericordia de todos y cada uno de ellos y déjales saber sobre Tu potencia vivificadora, te lo ruego humildemente en el nombre de tu Hijo amado Jesucristo, amén. -CF Jara-

La gloria es de Cristo Jesús, por siempre y para siempre.

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