"La Gran Obra"

Viernes 20 de Mayo, 2016.

Nuestro Pan Diario
“Grandes obras de la literatura”
(Por: Joe Stowell)

Leer: Salmo 119:97-104
«¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.» Salmo 119:103

La Biblia en un año: Juan 6:22-44

Hace poco, leí un artículo sobre qué es una gran obra de la literatura, que decía: «Te cambia. Cuando terminas de leer, eres una persona diferente».

Según esta definición, la Palabra de Dios siempre entrará en la categoría de las grandes obras de la literatura. Su lectura nos desafía a ser mejores. Las historias de sus héroes nos estimulan a ser valientes y perseverantes. Los libros sapienciales y proféticos nos advierten del peligro de seguir nuestros instintos pecaminosos.

Dios inspiró a diversos autores para que escribieran salmos transformadores para nuestro beneficio. Las enseñanzas de Jesús modelan nuestro carácter para parecernos más a Él. Los escritos de Pablo orientan nuestra mente para una vida santa. El Espíritu Santo nos recuerda la Escritura para que se convierta en un poderoso agente de cambio.

El escritor del Salmo 119 amaba la Palabra de Dios por la influencia transformadora en su vida. Reconocía que lo hacía más sabio y entendido que sus maestros (v. 99) y lo guardaba del mal (v. 101). Con razón, exclamó: «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación» y «¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca» (vv. 97, 103).

Disfrutemos de las grandes obras de la literatura; en especial, ¡la Palabra de Dios que transforma vidas! Señor, ayúdame a poner en práctica tu Palabra.

El Espíritu de Dios utiliza la Palabra de Dios para transformar al pueblo de Dios.

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"El pan que satisface"

Miércoles 18 de Mayo, 2016.

Nuestro Pan Diario
“El pan que satisface”
(Por: Lawrence Darmani )

Leer: Lucas 10:38–11:4
«El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy….» Lucas 11:3

La Biblia en un año: Juan 6:1-21

Memoricé el Padrenuestro cuando iba a la escuela primaria. Cada vez que decía la frase «el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy» (Mateo 6:11), no podía evitar pensar en el pan que pocas veces teníamos en mi casa. Solo cuando mi padre volvía de viajar a la ciudad, había pan. Por eso, orar a Dios por pan para todos los días era muy importante para mí.

¡Qué interesante me resultó encontrar años después el librito Nuestro Pan Diario! Sabía que el título venía del Padrenuestro, pero que no podía referirse al pan de la panadería. Al leerlo con regularidad, descubrí que este «pan», lleno de pasajes de la Palabra de Dios y de comentarios útiles, era alimento espiritual para el alma.

Fue alimento espiritual lo que María prefirió cuando se sentó a los pies de Jesús a escuchar atentamente sus palabras (Lucas 10:39). Mientras Marta se preocupaba de la comida material, su hermana dedicó tiempo para estar cerca de su invitado, el Señor Jesús, y escucharlo.

Que nosotros también apartemos tiempo para esto. Él es el pan de vida (Juan 6:35) y nutre nuestra alma con alimento espiritual. Él es el pan que satisface.

Señor, me siento a tus pies porque quiero aprender de ti. Mi corazón está abierto para escuchar lo que me dices en tu Palabra.

«Yo soy el pan de vida». —Jesús

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"Nos cuida siempre"

Lunes 16 de Mayo, 2016.

Nuestro Pan Diario
“Nos cuida siempre”
(Por: David C. McCasland )

Leer: Salmo 139:1-18
«Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos.» Salmo 139:2

La Biblia en un año: Juan 4:31-54

El veterano periodista Scott Pelley nunca emprende un viaje de trabajo sin los artículos esenciales: radio de onda corta, cámara, maleta indestructible, computadora portátil, teléfono y baliza localizadora de emergencia que funciona en cualquier parte. «Extiendes la antena, presionas dos botones y envía una señal a un satélite conectado a la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica —declara Pelley—, lo cual les dice quién soy y dónde estoy. Según el país donde estés, envían un equipo de rescate… o no» (AARP The Magazine). En realidad, nunca ha tenido que usar la baliza, pero jamás viaja sin ella.

Sin embargo, cuando se trata de nuestra relación con Dios, no necesitamos radios, teléfonos ni balizas de emergencia. Por más precarias que sean nuestras circunstancias, el Señor ya sabe quiénes somos y dónde estamos. El salmista celebró esta verdad, escribiendo: «Señor, tú me has examinado y conocido. […] todos mis caminos te son conocidos» (Salmo 139:1-3). Dios siempre está al tanto de nuestras necesidades y nos cuida.

Hoy podemos decir con confianza: «Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra» (vv. 9-10).

El Señor sabe quiénes somos, dónde estamos y qué necesitamos. Nos cuida siempre. Señor, te alabo porque siempre te ocupas de mí.

El Señor nos cuida siempre.

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