El Padre Nuestro

 
📖🖊  El Padre Nuestro
Mensaje Bíblico para hoy, Lunes 23 de Agosto, 2021.
Por: Dr. CF Jara.

Leer: Mateo 6
«Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén» (Mateo 6:9-13)

CONTEXTO
Era el primer año del ministerio del Señor cuando Jesûs se encontraba al pie del monte de las Bienaventuranzas, rodeado de los apóstoles que había escogido al amanecer de aquel día, y dando uno de Sus más conocidos y poderosos discursos: “El Sermón de la Montaña.”

El Señor también se encontraba rodeado por el grupo de Sus seguidores más cercanos y, según los eruditos, entre hombres, mujeres y niños, más de catorce mil habitantes pobres de regiones diversas como Samaria, Galilea, Judea, Líbano, Siria, Jordania, Egipto, etc. Aquellos habían caminado varias jornadas para recibir la sanación a sus enfermedades tanto del cuerpo como del alma.

Y entre todas las maravillosas enseñanzas que el Hijo de Dios dejó para la humanidad en aquel día, estaba la oración que Êl mimo compuso. Y a pesar de esto y a pesar de que Jesûs mismo nos enseñó qué decirle a Dios y cómo, esta oración es la menos exclamada entre los creyentes bíblicos.

Por ello compartimos este estudio para que usted hermano, hermana, sepa por qué el “Padre Nuestro” debe estar en nuestras bocas en todo tiempo, porque no hay nada equivocado en esta hermosa oración, sino al contrario, contiene un poder espiritual único para interceder ante el Dios Todopoderoso por todas las cosas que están alrededor de nuestras vidas y la de quienes amamos.

Disfrute el mensaje, recíbalo en el nombre de Jesûs y para la gloria de Dios, y no deje de compartirlo, por favor.

A DIOS DEBEMOS ORAR, NO REZAR
La palabra “oración” viene del griego “προσεύχομαι” (proseuchomai) que, según la transliteración al griego en el diccionario bíblico HUB significa:
“ir hacia, intercambiar, desear, rezar apropiadamente, intercambiar deseos; orar es literalmente, interactuar con el Señor cambiando los deseos humanos (ideas) por Sus deseos a medida que Dios nos imparte fe (persuasión divina).”

En otras palabras, “orar” significa, “comunicarse con Dios a través de expresarle nuestros deseos y necesidades y recibir como respuesta, el conocimiento del plan de Dios para nuestras vidas y la impartición de la fe que viene de Su corazón.”

“Rezar” por su lado, significa “repetir una oración o un conjunto de oraciones de forma sistemática, rutinaria, vacía, sin que exista la participación ni del espíritu de la persona que reza ni del Espíritu Santo.”

La Biblia nos enseña que, para tener una vida en victoria frente a los ataques masivos, despiadados y persistentes del enemigo y sus legiones, debemos practicar constante y permanentemente cinco rutinas conocidas como “sacramentos,” es decir, acciones que demandan la presencia del Espíritu Santo y el sacrificio extremo del creyente:
  • Ayuno periódico;
  • Oración y Meditación diarias;
  • Lectura y estudio de la Palabra de Dios todos los días;
  • Predicar el mensaje de Jesûs siempre, y
  • Congregarnos con los hermanos de la fe bíblica y ayudar y/u ofrendar para el avance del reino.
Jesûs predicó acerca de estos cinco sacramentos o actos de fe porque Êl sabía que los humanos necesitamos fortalecer nuestra fe cada día para terminar con éxito la jornada que nos llevará ante la presencia de Dios. Por eso nos dejó la oración de Su propia inspiración conocida como el “Padre Nuestro.” Sin embargo, en la iglesia bíblica no decimos esta oración con la frecuencia debida, no sé si es porque en el catolicismo la repiten constantemente pero no como una exclamación que sale del fondo del corazón sino como una rutina costumbrista, que incluso podría incluir alguna connotación equivocada e impura.

En este estudio demostraremos que el “Padre Nuestro” es la oración nacida en el corazón de Jesûs, por lo tanto, la oración más poderosa que un creyente puede decir en cualquier parte del mundo, a toda hora y cualquiera que sea la circunstancia, como un llamado desesperado, pero poderoso directamente al Trono del Dios omnipotente.

HISTORIA DEL “PADRE NUESTRO”
Era aproximadamente el año 29 de nuestra era. Unos meses atrás, después de haber escuchado el llamado del Espíritu Santo y obediente a la misión dada por Su amado Abba, Jesûs cerró la carpintería y fue al río Jordán a buscar a Su primo Juan el Bautista para que lo bautizara. Luego de esto, fue a ayunar al desierto por 40 días. Allí fue tentado tres veces por Satanás, resistiendo las tres veces y haciendo que el enemigo huyera de Êl. A su regreso, empezó Su obra haciendo milagros de sanación y liberación a muchos enfermos y poseídos. Al mismo tiempo predicaba Su mensaje de perdón y esperanza y llamaba a los que lo habían de seguir. Y las multitudes que lo buscaban, aumentaban cada día.

Según el apóstol Lucas, el número de seguidores o discípulos, crecía día a día de manera exponencial debido a que Su fama se extendía por todas partes por los testimonios de aquellos que eran sanados y liberados. La gran pobreza y necesidad de los habitantes de esas regiones provocada por la ocupación romana y la corrupción del Sanedrín hacía que cada vez que se corría la voz de la presencia del Maestro en alguna aldea o ciudad, multitudes de gentes provenientes de los cuatro puntos cardinales tomaran los caminos y senderos por miles.

La gran necesidad, pero, sobre todo, el amor de Jesûs por la gente, hacía que incluso en los días de reposo, el Maestro atendiera los pedidos y clamores de los enfermos por sanidad para sus sufrimientos.

Aquella tarde, Jesûs estaba en la Galilea y la gente se había reunido en espera del Maestro a los pies del monte de las Bienaventuranzas, que está al frente del lago de Galilea, un poco al sur de Cafarnaúm. Oscurecía cuando el Señor subió a la cima de la montaña a orar mientras los que lo esperaban, se aprestaban a pasar la noche en aquel descampado al pie de la colina. Y Jesûs oró hasta la llegada del alba.

A los primeros rayos del sol, Jesûs hizo llamar a Sus discípulos y escogió de entre todos ellos a los doce que lo habrían de acompañar por los próximos años y los llamó “apóstoles.” Luego, el Señor y todos los demás bajaron, y en lo que los eruditos llaman “el discurso magistral de Jesûs,” Jesûs habló y enseñó a los presentes por más de tres horas acerca de los principios del reino que Êl había traído para la tierra.

En esta prédica registrada en los capítulos 5, 6 y 7 de Mateo y 6 de Lucas, Jesûs nos dejó poderosas enseñanzas y también nos enseñó a orar, a través de una sencilla pero poderosa oración: el “Padre Nuestro.” Pero antes de elevar a los cielos esta u otras oraciones, Jesûs quiere que oremos con sinceridad, no siendo hipócritas tratando de impresionar al resto; que cuando oremos, lo hagamos a solas con Dios; que no repitamos una y otra vez los mismos pedidos y que no usemos la vana palabrería, pues Dios sabe exactamente lo que necesitamos:

«5 Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

6 Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.

7Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.

8No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.»

Entonces podemos elevar nuestro clamor que debe salir de lo profundo de nuestro corazón buscando la atención de nuestro Padre celestial:

«9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

10Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

11El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

12Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

13Y no nos metas en tentación, más líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.»

EL PODER ESPIRITUAL DEL PADRE NUESTRO
La Biblia dice que “Todas las cosas fueron creadas por y para Jesûs y que bajo Su Nombre se someten todas las cosas creadas, las que se ven y las que no, las que se mueven y las que no, las que habitan en los cielos y debajo de ellos, en la tierra y debajo de ella, en los mares y debajo de ellos.”

Por lo tanto, y debido a que Jesûs es el compositor y autor intelectual de esta oración, entonces, cada declaración, cada idea, cada palabra, cada coma, cada punto contenido en esta oración tienen potestad total sobre todos los seres y todas las cosas creadas, vivas o inertes, visibles o invisibles y que habitan en los cielos y debajo de ellos, en la tierra y debajo de ella, y en los mares y debajo de ellos.

Por lo tanto, cada persona que diga con fe esta oración creada por Jesûs y que está escrita en la Biblia, estará honrando al Dios Todopoderoso. Entonces todas las cosas creadas, los seres angelicales y las dimensiones espirituales de la creación se moverán a su favor. Es decir, aquel que diga la oración con fe, verá los milagros y las maravillas del Dios Todopoderoso y será levantado de gloria en gloria y de victoria en victoria, en el nombre de Jesûs.

Quien ora el “Padre Nuestro” con fe, alza un clamor salido del fondo del corazón buscando la misericordia de nuestro Padre celestial porque “cree y confiesa que Dios es real; reconoce que es necesario santificar Su nombre; clama por la instauración de Su reino en la tierra; se somete a Su Soberanía universal; pide a Dios por la provisión diaria; se arrepiente de sus transgresiones y declara perdón para quienes le ofendieron; clama al Señor para que no le deje pecar; pide ayuda y protección al Todopoderoso contra las obras del enemigo; y reconoce que toda la honra, gloria y honor es solo para el Altísimo Dios de los cielos, por siempre jamás, amén.
Hermano, de seguro usted conoce la frase que dice: “si no me cree, inténtelo,” pero en este caso, la frase apropiada es “si usted no cree, no verá el milagro.” El “Padre Nuestro” es la oración más poderosa que todo creyente puede decir, por encima de cualquiera de las hermosas oraciones elaboradas por pastores, evangelistas, ministros y creyentes a través de los siglos, simplemente porque fue compuesta por Jesûs, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Cordero santo, el Cordero Inmolado, el Santo de Israel, el Alfa y la Omega, el principio y el fin de todas las cosas, por quien todas las cosas fueron hechas y debajo de quien todas las cosas se someten, por los siglos de los siglos.

Porque no hay otro nombre dado a los hombres en el que podamos obtener la victoria sobre el pecado, sobre la muerte y la condenación eterna. Si oramos las mismas palabras que Jesûs oró, así como Êl lo hizo, nosotros recibiremos toda la autoridad espiritual que descansa en el nombre de Jesûs para mover a un lado todos los montes que se han parado en frente de nosotros; y tendremos la potestad para, en el nombre de Jesûs, abrir o cerrar las puertas que se han cerrado o se han abierto.

Porque si Jesûs venció a la muerte, entonces todas las cosas inherentes a Êl también vencieron a la muerte, por lo tanto, al pronunciar Sus palabras con fe, será como si el mismo Señor Jesucristo lo estuviera diciendo. Y no habrá poder ni en los cielos ni en los mares ni en la tierra que pueda detener Su santa voluntad. Y el Nombre del Señor será exaltado en todos los rincones del universo y Sus ángeles, arcángeles, querubines y serafines, junto con los justos que guardaron la salvación, entonarán hermosos himnos de alabanza y adoración para dar la gloria al Dios Creador del universo, por siempre y para siempre, amén.

Dios le bendiga.
Μαρανάθα, Ιησούς έρχεται σύντομα
Maranatha, sí Señor Jesús, ven pronto


ORACIÓN
«Padre nuestro que estás en los cielos, amado Abba, Santísimo de los santos y Justísimo de los justos, gracias Padre por la salvación que nos diste en Tu Hijo amado Jesûs. Gracias por todas las bendiciones de provisión, cuidado, protección, fortaleza y sabiduría para mantenernos en el camino de la salvación que nos llevará a encontrarnos directamente Contigo en el día que Tû ya has marcado. Gracias misericordioso Dios de los cielos, de la tierra, del universo, de los mares, de todo lo creado, gracias por tanto amor para con Tus hijos. Gracias por revelarnos cada día las dulzuras más dulces en Tu Palabra que alegran nuestra alma en medio de las tribulaciones. Bendice este mensaje, Padre santo de la gloria eterna, y bendice a cada lector, con bendición que abunde y sobreabunde, para ellos, para los suyos y para cualquiera que les extienda la mano, te lo pido humildemente en el nombre que es sobre todo nombre, en el Nombre de nuestro Señor y Salvador, Yeshûa HaMashiaj, amén y amén.»

התהילה היא רק של ישוע המשיח
La gloria es solo de Cristo Jesûs.


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