Ama a DIOS con Todo tu Corazón y a Tu Prójimo como a Ti Mismo

 


📖🖊 Mensaje Bíblico para hoy, Lunes 19 de Julio, 2021.
         “Ama a DIOS con Todo tu Corazón y a Tu Prójimo como a Ti Mismo”
         Por: Dr. CF Jara.

Leer: 1 Juan 4:7-21
«Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de Êl: El que ama a Dios, ame también a su hermano.» (1 Juan 4:20-21)

Muchos cristianos evangélicos, estudiosos de la Biblia, aun después de tener muchos años en la fe verdadera no saben cuál es la motivación del Eterno para habernos creado, por lo tanto, no pueden describir Su grandísimo, único y eterno amor por Su creación. El punto es que, si aquellos que tienen al Espíritu Santo viviendo dentro, no saben/no conocen esta potente verdad teológica, peor lo harán aquellos que caminan en religiones falsas o pervertidas como el judaísmo, catolicismo, islamismo, budismo, etc.

Es vital para nuestra fe que conozcamos que DIOS nos ama con un amor que nunca podremos llegar a comprender, y como nadie lo hará jamás, que Su amor es tan grande, eterno y maravilloso, que alcanza aun a aquellos que no lo aman o peor, que no creen en Êl. El Señor saca al sol cada mañana, renueva el oxígeno de los aires y manda la lluvia a tiempo para todos los seres humanos, incluidos los hacedores de maldad. Sin embargo, y como dice el Salmo 91:1 «el abrigo del Altísimo cubrirá solo a aquellos que lo aman.»

Acompáñenos en este estudio cuyo propósito es motivarlo a descubrir la clase de amor que DIOS tiene por usted, y como resultado de ello, que usted se esfuerce cada día a amar más y más a Su Creador. Esto redundará en un gozo inacabable cubriéndolo en todo tiempo, y en desplegar ese mismo amor hacia sus familiares, amigos, vecinos y hacia todo ser humano que se cruce en su camino. De esa manera podremos cumplir el mandato de Jesucristo de amar a Dios con todo nuestro corazón y amar al prójimo como a nosotros mismos.

LA REVELACION DE JUAN
Entre los apóstoles del Señor hay varios que se distinguen individualmente, como por ejemplo Pedro (Cefas) quien fue el líder del grupo por su carácter y temperamento fuertes. Pero Jesûs no se apoyó solo en Pedro sino también en su hermano Andrés (el primero en ser llamado), en Santiago (Su hermano de madre) y en Juan (hijo de Zebedeo), el más jóven de los apóstoles y de quien la Biblia reporta que fue el único ser humano que posó su cabeza sobre el pecho del Hijo de Dios

¿Escuchó Juan latir al corazón de Jesûs? Oh que gloria mas maravillosa pudo haber sido escuchar los latidos del corazón del Salvador del mundo. Si sucedió así, no fue por coincidencia o por accidente, sino porque el Hijo del Hombre le permitió a Juan ese privilegio. Jesûs necesitaba que el apóstol entendiera el amor de Dios por la humanidad. Quizá por ello, Juan es el único de los escritores de los Evangelios que describe al amor de Dios de una manera tan real, que la lectura de su evangelio o de las tres epístolas, toca poderosamente y transforma para siempre a los que las leen con el único, inmenso, eterno, e infinito amor de Dios por Su creación.

Juan es el único apóstol que murió de anciano mientras el resto de sus compañeros del camino lo hicieron en los confines de la tierra, torturados y destrozados de la manera mas cruel. Juan también es el escritor del libro de las Revelaciones o Apocalipsis a quien el Señor Jesucristo se le presenta 70 años después de Su resurrección. ¿No es otro privilegio extraordinario para Juan de ser el único ser humano que ha recibido la visita del Rey del universo en todo Su esplendor y gloria eternas?

Juan fue originario de Cafarnaúm, de la misma área donde Pedro, Andrés y Santiago el mayor venían, y por casualidad, todos tenían su temperamento fuerte. Jesûs incluso le dio a Juan el sobrenombre de Boanerges que en griego significa “hijo del trueno.” Dos mil años después, las revelaciones de los tiempos del fin dadas por el Señor a Juan están más vigentes que nunca y son la base doctrinaria para guiar nuestra fe en medio de la Tribulación. Dios le dio ese privilegio a aquel que conoció y comprendió Su amor.

Como Juan, necesitamos ser firmes en nuestra convicciones bíblicas, con el carácter cristiano templado, y no como las palmeras que se mueven al viento de un lado al otro. Necesitamos someter en Cristo Jesûs nuestro temperamento de tal forma que podamos acercarnos al Señor lo más posible, hasta oír cómo Su hermosísimo corazón late. Si te mantienes firme en la fe y amando a tu Salvador con toda tu vida, Dios te hará entender la hermosura de Su amor supremo por ti.

EL AMOR INCONMESURABLE DE DIOS
La Biblia dice que Dios nos creó por amor, para que lo amáramos porque Êl nos amó primero. La persona de Jesûs aparece en la historia universal en el versículo 3 de Genesis 1, cuando Dios hace la “Luz,” quizá millones de años antes de que hiciera a Adán. El Creador siempre supo que Su creación sería atacada por aquel que fue expulsado de los cielos por causa de su soberbia. Por ello estableció desde el principio de la creación Su plan para redimir a la humanidad a través de Jesûs. Siendo la Luz el Hijo Unigénito del Altísimo, entregarlo como ofrenda de sacrificio vivo por una humanidad orgullosa, pecadora y malagradecida, sería un plan que para los humanos no tendría ningún sentido. Sin embargo, para el Creador, ese era el camino para santificar a Su pueblo para reunirse con él en el minuto anunciado, para vivir juntos por la eternidad de las eternidades.

El apóstol Juan escribe en su primera epístola: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Êl nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados.» Siendo el Señor omnisciente, sabedor de todas las cosas, que nos haya amado incluso por encima de todos los terribles pecados que habríamos de cometer, de todas las transgresiones, maldades, depravaciones, etc., que algún día habríamos de hacer en nuestro caminar, el Creador no solo que nos amó con el amor más puro, santo y sublime, sino que se dio en sacrificio de cruz a la muerte a través de Su Hijo amado. Siendo Dios se humanó y vino a la tierra en cuerpo mortal, desde el vientre de una virgen escogida, para cumplir con el ciclo que todo humano debe hacer: nacer, crecer y morir, pues solo de esa manera, ningún dedo acusador podrá levantarse acusando a Dios de ser falso, o de abusar de Su poder para exigirnos hacer algo que Êl nunca hizo.

Juan escribe también que todos aquellos que conocen a Jesûs, «han conocido y creído en el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio.» Amar a Dios sobre todas las cosas nos hará inmunes al miedo y temor de las cosas que están sucediendo y de aquellas que están por venir.

EN EL AMOR NO HAY TEMOR
Hoy en día, los pastores predican acerca de muchos temas como la prosperidad o de que lo mejor está por venir en lugar de llamar a los creyentes al arrepentimiento, aunque saben que lo que viene es un ajuste apocalíptico a la civilización humana por causa de la práctica desvergonzada del pecado y la maldad. Mientras Noe construía el Arca durante 150 años, predicó para arrepentimiento, aunque lo tildaron de loco, porque sabía que la gran inundación se venía. Hoy, al igual que en ese tiempo, pocos “Noés” llaman a la gente a arrepentirse antes de que se desate la destrucción de la humanidad a través de la Gran Tribulación. Y por falta del conocimiento del amor de Dios por Su creación, la gente, incluyendo los creyentes, entran en pánico y se niegan a escuchar los mensajes proféticos y las advertencias apocalípticas.

Pero Juan también dice que «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.» Cuando amamos a Dios hemos conocido el perfecto amor, el mismo que nos hace inmunes, no al peligro, a la tragedia, a la pandemia, a la maldad del enemigo, sino al miedo que esto produce. La Biblia dice que cuando tenemos miedo, ofendemos al Señor. El miedo es el alimento de los demonios, por ello cuando dejamos que el temor nos envuelva, entonces los demonios nos rodean, danzando diabólicamente alrededor nuestro, lo cual termina afectando la mente, el cuerpo y el espíritu.

La Biblia contiene 365 versículos que nos recuerdan que no debemos temer pues Dios está a nuestro lado. Cuando el amor a Dios nos llena, recordamos estas promesas, y las declaramos, en voz alta, con autoridad y apropiados de la promesa, tal como se lee en el Salmo 23:4-6 «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tû estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.»

AMA Y PERDONA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO
Juan plantea un desafío: «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Nosotros tenemos este mandamiento del Señor: El que ama a Dios, ame también a su hermano.» En los tiempos actuales, muchos periodistas, políticos, millonarios, religiosos, deportistas, gente famosa, académicos, militares, etc., pero también gente sencilla, incluidos cristianos, se encargan de regar odio entre la humanidad a través de las paginas sociales. Juan confronta esto sin tapujos ni hipocresías: «el que odia al hermano, por cualquier razón, NO puede amar a Dios.» ¿Podrán estos hombres y mujeres decir que creen en Dios, o mejor, que lo aman?

Cada día los noticieros descargan marejadas de odio a través de términos incendiarios como racista, machista, sexista, feminista, intolerante, supremacista, etc., que terminan llenando los corazones de la gente de venganza, rencor y muerte. La Biblia no contiene ninguno de estos términos, pues fueron inventados por el Kabahl, los malosos de siempre, en los años 60. La Biblia tampoco hace referencia a la raza de las personas por el color de la piel sino por la etnia originaria. El Libro de Dios tampoco califica a ningún personaje como machista, feminista o racista. Pero la Biblia si condena al odio, el abuso de cualquier tipo a otros seres humanos, y la perversión sexual.

Dice un dicho popular que “la venganza es dulce” pero precisamente por eso, degenera en amargura que termina provocando el cáncer y eventualmente la muerte de aquel que no ha podido perdonar. El perdón en cambio es un estado del alma que provoca todo lo contario en el cuerpo; el perdón trae paz, gozo, mente clara, sabias decisiones, pero, sobre todo, bendiciones abundantes del Señor.

Todos los seres humanos pecamos, fallamos y ofendemos, sin querer y sin querer queriendo, como decía un personaje conocido. Por eso debemos perdonar cuando nos ofenden, pues yo necesitaré perdón algún momento. Sin embargo, para que pueda perdonar fácil y rápidamente, necesito primero amar a Dios con todas las fuerzas de mi mente, mi corazón y mi espíritu, de tal forma que cuando me golpeen en la una mejilla, el perdón me aflore fácilmente de dentro de mí, y pueda mostrar la otra mejilla.

ORACIÓN
«Padre eterno, gracias por todas las bendiciones que depositas en mi vida cada amanecer. Gracias por Tu amor, Padre Santo. Gracias por este mensaje, que reconforta el corazón, pero sobre todo, pone orden en el alma, el lugar donde se almacenan los sentimientos y las decisiones. Que podamos actuar siempre bajo Tus edictos, obedeciendo cada recomendación que nos haces en Tus mandamientos y que podamos amarte con toda nuestra vida, nuestro ser, con todo lo que somos y tenemos, pero también que podamos amar a cada ser humano con el que tengamos contacto, de tal manera que nunca ofendamos o hiramos a nadie, sino que yo sea, por Tu amor en mí, un digno representante de Tu amor eterno y maravilloso por mí, te lo pido en el nombre de Tu Hijo amado Yeshûa HaMashiah, amén y amén.»

Μαρανάθα, Ιησούς έρχεται σύντομα.
Maranatha, Jesûs viene pronto.

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