Mi Testimonio

 


📖🖊 Estudio Bíblico para hoy, Lunes 10 de Mayo, 2021. No 1146
        “Mi Testimonio”
         Por: Dr. CF Jara.

Leer: Filipenses 3
«Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.» (Filipenses 3:13-14)

En el estudio de hoy pretendemos contestar preguntas como ¿Qué significa “servir” al Señor? ¿Para qué somos redimidos? Si le entrego mi vida a Jesûs, ¿me puede transformar completamente de ser un hombre amante del pecado a uno que cuida su salvación con temor y temblor? Los Jesucristianos debemos entender por qué hemos de compartir las grandes y maravillosas cosas que Dios ha hecho en nuestras vidas luego de que tomamos la decisión de entregar nuestro corazón a Cristo Jesûs, porque con el Salvador habitando en mi corazón, no se trata nunca más de mí, ni de lo que soy, o tengo, o puedo, o quiero, sino de Jesûs, el Autor y Consumador de todas las cosas.

LA CONVERSIÓN DE JESÛS
Cuando un hombre o mujer entrega su vida a Jesûs, el Salvador entra en su corazón, y desde este órgano y de adentro hacia afuera, el Señor comienza a transformar la vida del creyente. Pero esta transformación no es solo en el aspecto espiritual sino también en el físico y mental. A parte de poder experimentar la paz que sobrepasa todo entendimiento a pesar de todos los conflictos personales y mundiales, la presencia del Salvador en nuestra vida nos renueva las fuerzas cada mañana, nos hace fuertes como los búfalos, y nos permite levantar el vuelo como las águilas. Con Cristo Jesûs andaremos y no nos fatigaremos, correremos y no nos cansaremos. Podremos pisar los nidos de las víboras y los escorpiones y no nos harán daño; andaremos por valles de sombra de muerte, pero no temeremos mal alguno; caerán mil a mi lado, y diez mil a mi diestra. Ningún mal tocará mi morada, y si las aguas amenazaran con destruirme, no me anegarán; y si el fuego me rodea, no me quemaré. Tales son las proezas de nuestro Dios que podemos dormir y descansar tranquilos, porque el Omnipotente es quien vela nuestros sueños.

Dios determinó desde el principio de los tiempos, que el corazón del hombre sería el lugar donde el Salvador residiría. Y esto lo podemos comprobar con la verdad médica irrefutable de que, entre todos los órganos, tejidos, huesos, músculos, membranas, venas, arterias, cartílagos, etc., del cuerpo, el corazón es el único órgano que no es afectado por la terrible enfermedad del cáncer. Gloria a Dios por ello.

MI TESTIMONIO
El 5 de Diciembre de 1996 salí de mi país huyendo de una vida llena de fracasos, vicios, depravación y desesperanza. Poquitos días después, en medio de la decisión de quitarme la vida, Jesûs me encontró y dos años más tarde, le entregué mi corazón. Diez meses después, el Señor me habló por primera vez, diciéndome que quería que trabajara para Êl. Por los próximos 5 años, Dios me prosperó grandemente, pero me olvidé de Êl. En el 2005, mi primer matrimonio se acabó, lo cual me sumió en un profundo dolor por varios meses, hasta que Cristo Jesûs me restauró de nuevo. Ya para el 2007 y cuando me encontraba en la cúspide de mi carrera profesional, presenté mi carta de renuncia para servir al Señor a tiempo completo. No sabía ni cómo me mantendría ni cómo sería mi vida. Y a pesar de las ofertas de los dueños de la compañía de incrementar mi salario, mantuve mi decisión y aquí estoy, catorce años más tarde, celebrando el logro académico y ministerial más grande e importante de mi vida, gracias a la gracia y misericordia de Dios.

Empecé estos estudios académicos cuando tenía 51 años, y lo menciono porque a esta edad, el desgaste físico, mental y espiritual que esto demanda es un factor que influencia grandemente para abandonar la carrera. Otros factores que me hicieron dudar varias veces acerca de si estaba haciendo lo correcto, fueron la estrechez económica y el gran sacrificio social, pues el cumplimiento de las tareas, investigaciones, proyectos y demás responsabilidades, exige al auto confinamiento de 6, 7, 8, 9, y hasta 10 horas diarias porque el compromiso es cumplir con excelencia, porque es para el Señor. Hace poco cumplí los 59 años, pero me siento listo para salir y llevar el mensaje de Jesûs por todo el mundo, sin temor a nada, ni epidemias, ni planes del antagónico, ni los achaques de la edad. Mi oración al Señor es: “Señor, heme aquí, envíame a mí.”

JESÛS LO CAMBIA TODO
Como decíamos en la introducción, Jesús cambia la vida de las personas que se entregan a Êl llevándolas a 180 grados de donde estaban antes de que el Señor entrara a habitar en sus corazones. El Nuevo Testamento nos relata la historia de muchos hombres que vieron sus vidas cambiadas por causa de la presencia de Jesûs, como los once apóstoles que caminaron junto al Señor por tres años, y muchos otros que fueron tocados luego, como Lucas, Marcos, Nicodemo y Pablo.

El último de los apóstoles era, antes de su conversión, fariseo de fariseos, miembro del sanedrín judío y odiaba con toda su alma a los Cristianos. Por ello, y con la autoridad que tenía, los perseguía y mataba sin piedad. Hasta que un día el Señor lo confronta y le cambia la vida para siempre, convirtiéndolo en el más prolífico escritor del Nuevo Testamento. Pero Pablo no empezó a escribir y predicar la Palabra al día siguiente, sino que tuvo que esperar catorce largos años en los que aprendió a orar, estudió las enseñanzas de Jesûs y sirvió en la primera iglesia. Sólo cuando el Espíritu Santo les dio el visto bueno a los líderes, Pablo pudo iniciar su ministerio, el cual ejerció por alrededor de veinte años hasta cuando murió cortado su cabeza por orden del emperador romano. Durante todos esos años, el último de los apóstoles sufrió persecución, violencia física, vejaciones, intentos de asesinato, naufragio, cárcel, soledad y todo tipo de ataques de hombres y de las huestes de maldad del enemigo. Pero nada lo detuvo, Pablo llevó adelante la misión del Señor, terminó la carrera, guardó la fe y dejó un enorme y valioso legado para la Cristiandad de los siglos.

Los apóstoles por su parte honraron a su Maestro (excepto Judas Iscariote) con sus vidas, pues todos sufrieron terribles muertes de mártires por causa de predicar los Evangelios, lo cual propició el nacimiento y crecimiento de la iglesia del Señor Jesucristo tanto en las aldeas, ciudades y países cercanos como en las regiones más apartadas que uno se pueda imaginar, como Rusia, Japón, China, India, etc. En cuanto a Juan, si bien es cierto que murió de anciano, sufrió también persecución y violencia y la tortura terrible de ser metido dentro de una olla de aceite hirviente de lo que Dios lo curó porque debía cumplir con su última misión de escribir el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, en medio de su destierro y soledad en la isla de Patmos.

Cinco de los apóstoles escribieron acerca de la vida, milagros y enseñanzas del divino Maestro, y al menos otros cinco pudieron haber escrito lo que se conoce como evangelios apócrifos. Pero hubo uno que, a pesar de haber sido llamado por Jesûs, y de que caminó junto al Señor el mismo tiempo que los otros, no presenció la crucifixión del Hijo de Dios porque horas antes, él mismo se quitó la vida, arrojándose al fondo de los basureros ubicados en las afueras de Jerusalén, cuyo nombre en Hebreo significa “infierno.” Judas fue nombrado tesorero en el ministerio de Jesûs, y era el responsable de recibir y manejar las ofrendas y donaciones, pero también, se apropiaba del dinero que debía ir a los pobres.

Algunos podrían cuestionar por qué, si Judas Iscariote estaba tan cerca del Hijo de Dios, no fue transformado de su maldad, y fue capaz no solo de robar dinero ajeno sino de vender al Salvador por 30 piezas de plata. La Biblia nos da la respuesta, Juan dice que Judas tenía su mirada puesta en el dinero, es decir, nunca recibió al Señor con sinceridad, tal como pasa en los días actuales con muchos que se hacen llamar “Cristianos,” seguidores de Jesûs y que son hasta líderes y pastores, pero que sus obras delatan dónde realmente tienen puesta su mirada.

LA SIGUIENTE ETAPA
Hermanos míos, como dijo Pablo, no es que yo mismo lo haya alcanzado, no es que ya crucé la meta de la carrera y ahora es tiempo de echarme a dormir. Al contrario, hoy es cuando más trabajo habrá, pues los títulos académicos en Biblia, aunque muchos no lo quieran reconocer, confieren autoridad espiritual, no solo sobre la iglesia, pero también sobre los espíritus inmundos y el reino de las tinieblas. Por ello, el enemigo levantará sus huestes en contra de cualquier tarea o misión ministerial. Sin embargo, Aquel que pelea las batallas por nosotros está y estará conmigo hasta el fin, tal como dicen Sus promesas.

Durante los tres años que Jesûs estuvo entre Sus discípulos, les impartió literalmente una “Maestría” en la Palabra de Dios. Y gracias a ello, los apóstoles pudieron vencer a todas las fortalezas que se cruzaron en su camino y llevaron el testimonio del amor de Cristo hasta los confines del mundo, como el Salvador resucitado les había ordenado. Por ello, hermano, hermana, si Jesucristo te redimió de la muerte eterna, tienes el llamado a servir en Su reino. Por ello, prepárate con responsabilidad en el conocimiento de la Palabra de Vida, lo cual te ayudará en tu santificación, pero también te será de grande utilidad cuando estés predicando el mensaje de nuestro Salvador y cuando las tormentas y dificultades se levanten en tu contra.

Trabajar para Dios es el más grande honor que un hombre o mujer pueda tener en su vida. Pero hay que hacerlo con la excelencia en el conocimiento de la virtud transformadora de la Palabra de Aquel que murió por Su amor por la humanidad. El tiempo se acabó. El tiempo extra de la gracia también se acabó. La gente del mundo sufre como nunca antes. Los campos están blancos y se necesitan obreros para la cosecha. Únete al inmenso ejército de obreros del Todopoderoso Rey y Creador del universo, porque la gran batalla está cerca.

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ORACIÓN
«Padre santo y misericordioso, alabado sea Tu Nombre por los siglos de los siglos. Gracias te doy, Señor, por la salvación para mi alma. Gracias por el sacrificio inmenso de Jesûs, Tu hijo unigénito. Gracias por darme vida esta mañana y gracias por la vida de los que amo. Te pido Señor, que bendigas este mensaje, que llegue donde tiene que llegar y que toque los corazones de los que tiene que tocar. Que aquellos que no te conocen todavía, te reconozcan, Padre amado, y que sientan la urgencia de entregar sus corazones a Cristo para que sea el Señor quien cambie y transforme sus vidas para bien, te lo pido en el santo nombre de Tu Hijo amado Yeshûa HaMashiah, sabedores de que Tû harás conforme a Tu santa voluntad, amén y amén.»

Μαρανάθα, Ιησούς έρχεται σύντομα.
Maranatha, Jesûs viene pronto.

"Îshu-nejar, Jesús, la Luz del mundo" 
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