La Llamada


Devocional para Hoy, Lunes 18 de Mayo, 2020.
“La Llamada”
Por: CF Jara.

Leer: Juan 11:1-45
«Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?» (Juan 11:40)

Mientras Jesûs se encontraba al otro lado del rio Jordán, a muchas millas de Betania, la ciudad donde residían los hermanos Lázaro, Marta y María Magdalena (la que cubrió con el perfume caro los pies del Señor y luego los enjugó con sus cabellos), el Maestro recibió la noticia de que Lázaro se encontraba enfermo y sus hermanos, requerían Su presencia. A pesar de la urgencia del pedido y de que Jesûs los amaba entrañablemente (los eruditos creen que eran primos hermanos de Jesûs), el Maestro no salió a Betania sino después de dos días. Y cuando llegó, Marta y María y los judíos que habían llegado a visitarlas lloraban desconsoladamente. Lázaro había muerto hacían ya cuatro días. Y Marta, en medio del sollozo le dice al Señor: «Si hubieses estado aquí, Lázaro no habría muerto.»

De allí en adelante, la Biblia relata un diálogo corto pero poderoso entre Marta y Jesûs, donde ella le confirma su fe en Êl, y el Hijo de Dios le ratifica quién es Êl. Movido por el amor a Lázaro, pero también por la fe de María, Jesûs ordena que retiren la piedra y con voz potente grita dentro de la tumba: «Lázaro despierta, ven fuera. Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.» (Juan 11:43-44) Jesûs levantó a Lázaro de la muerte física, en medio del gran alborozo de sus hermanas y de sus allegados.

Luego de su milagro, Lázaro se envolvió activamente junto con sus hermanas entre los seguidores del Mesías. De hecho, cuando Jesûs fue crucificado en el Gólgota y tres días más tarde resucitó, quienes fueron testigos de estos eventos fueron las dos hermanas, Marta y María. Después de la ascensión de Jesûs a los cielos. Lázaro huyó a Chipre junto con sus hermanas. Allí, el resucitado vivió y sirvió por 30 años más, llegando a ser obispo de la iglesia de Jesûs. Y los tres hermanos predicaron las enseñanzas del Maestro hasta el final de sus días. Bella historia de redención. Aleluyah!

En mi mente está presente el día en que el Señor me levantó de la muerte espiritual donde mi alma habitaba en esclavitud por muchos años. Un mundo de oscuridad, pecado, miedo, desesperanza y muerte. Y así como hizo conmigo, el Señor ha levantado por los últimos dos mil años a millones de hombres y mujeres a quienes redimió con Su sangre bendita, nos levantó de la muerte espiritual, por Su amor infinito y sublime por Su creación.

Lázaro, Marta y María recibieron su milagro, pero no se quedaron en la comodidad de sus vidas, sino que salieron a dar testimonio del amor y poder de Jesûs. Así mismo debemos hacer nosotros todos los redimidos por Jesucristo. No podemos quedarnos en la comodidad de la vida que tenemos, cumplir con congregarnos, orar por pocas horas, leer la Palabra de vez en cuando y vivir como si fuéramos del mundo. En el mundo hay mucha oscuridad, mucha necesidad, mucha desesperanza. ¿Cómo, pues, invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? (Romanos 10:14-17)

El Señor Jesucristo te hace un llamado hoy para que reflexiones en el testimonio de estos tres hermanos y decidas servir a Dios si no lo estás haciendo. Necesitas demostrar tu agradecimiento a la obra de Jesûs en la cruz movilizándote, saliendo a compartir lo que Jesûs ha hecho por ti y por los tuyos. Esa es la misión. Y ya estamos tarde.

Oración
«Señor Jesús, gracias por infinito amor y por Tu salvación, porque sin ella estaría perdido, encarcelado o muerto. Mas a Ti te plugo traernos de la oscuridad a Tu luz admirable, y darnos una nueva identidad, un nuevo pensamiento, una nueva vida. En Tu Palabra dices que Tu pueblo perece por falta de conocimiento. Úsame, Señor, envíame a mí; hazme vaso útil, que pueda testimoniar a otros de Tu gran amor, de Tu sacrificio en la cruz y de lo que has hecho por mí. Que nunca me olvide, Padre Santo, de que por Tu sacrificio hoy puedo reír y danzar sin miedo y sin carga de pecado, pues Tû me hiciste libre, te lo pido humildemente en el santo nombre de Tu Hijo amado Yeshûa HaMashiaj, amén y amén.»


התהילה היא רק של ישוע המשיח
DIOS te bendiga.

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