No Desistas

Devocional para hoy,
Lunes 4 de Junio, 2018.

“No Desistas”
Por: CF Jara

Leer: Mateo 22:1-14
«Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.» (Mateo 25:21)

Mientras daba mi caminata matutina esta mañana, una sensación de cansancio y fatiga empezó a hacerme pensar en que debía parar. Esque la temperatura, para la hora y la estación, estaba ya entre 10 y 15 grados más alta que otros años, y la humedad era insoportable. Pero sacando fuerzas seguí, y terminé la hora, exhausto pero feliz. Caminando de regreso a casa, recordé mis años de juventud, cuando fui parte de los equipos de fútbol pingpong, básquetbol y sobre todo, atletismo. Los atletas debíamos a diario, hacer un trote de una hora hacia el volcán Pichincha, a cuyas faldas se asienta la ciudad donde nací, Quito, capital del Ecuador. Recuerdo que llamábamos la cuesta de subida “Rompecorazones”, porque al subirla, experimentábamos problemas respiratorios, pues, mientras más alto están las ciudades, menos oxígeno hay en el aire; y Quito está a 9,350 pies de altura (2.850 m.) Eso, y el subir corriendo a ritmo sostenido por aquellas cuestas empinadas, hacían que el corazón pareciera salirse del pecho como si se quisiera reventar. Pero cuando llegábamos al lugar, el placer y gozo eran indescriptibles, primero porque recibíamos bocanadas de aire puro que calmaba nuestro corazón y llenaba los pulmones; luego nos invadía la alegría de haber cumplido con el recorrido; entonces, la belleza de aquel bosque silvestre inmenso, con gigantescos eucaliptos y pinos; pajonales, flores y hierbas llenos de rocío matinal, y decenas de pájaros de diferentes especies trinando por doquier, más la vista de la bella ciudad abajo y los volcanes nevados que la rodean, eran el premio merecido al esfuerzo. Quienes terminaban el proceso de entrenamiento que duraba seis meses, eran escogidos para representar al instituto de secundaria donde estudiaba. El honor de vestir los uniformes deportivos oficiales, con las insignias bordadas, así como el competir en medio del apoyo de los compañeros, pagaban todo el esfuerzo que muchas ocasiones parecía ser sobrehumano. Mas esa recompensa estaba reservada solo para aquellos que no desistían, aquellos que perseveraban hasta el fin.

Como seguidores de Jesucristo, tenemos que aceptar las limitaciones propias y hacer esfuerzos sobrehumanos para superar las pruebas y tribulaciones de todo tipo; soportar el odio, la envidia y la persecución tanto de creyentes como de no creyentes y afrontar la enfermedad, las malas noticias, la muerte, los divorcios, hijos perdidos, etc., etc. El llamado a ser cristiano no es fácil, es sólo para hombres y mujeres valientes que persisten con coraje cada día, que terminan la carrea y guardan la fe a pesar de las circunstancias. El enemigo hará todo lo que esté a su alcance para sacarnos del camino y hacernos desistir. Nos faltará el aire, el sufrimiento y las tribulaciones nos harán pensar que el corazón no puede más, y querremos quitarnos, abandonar la lucha, rendirnos, soltarnos del manto del Señor, todo por causa de creer que somos incapaces de continuar. Pero en ese instante, mi amado hermano, hermana, abre tu boca y aspira el aire puro y vivificante del Espíritu Santo; llena tus pulmones para que puedas aliviar tu corazón y cantar el nombre del Señor clamando por ayuda. Êl te escuchará y te responderá, y te enseñará las grandes y hermosas maravillas de Su nombre (Jeremías 33:3).

La Biblia dice que “muchos son los llamados, pocos los escogidos” (Mateo 22:14) Si estás leyendo este mensaje es porque ya cumpliste con tu entrenamiento, ya subiste la cuesta de la vida, parecías desfallecer en muchos momentos, pero perseveraste. «Entra entonces, varón bueno y fiel, varona buena y fiel, a la Presencia del Señor; En lo poco me fuiste fiel, en lo mucho te pondré.» (Mateo 25:21). Sea toda la gloria, toda la honra y todo el honor para el Cordero Santo, Jesucristo, el Rey de reyes y Señor de señores.

Oración
«Señor Padre Eterno, que hermosa es la vida cuando Tú la llenas, cuando estás presente en nuestro día a día, desde la salida del sol hasta el anochecer; desde que me recuerdas quien soy hasta cuando descanso mi cabeza sobre la almohada antes de abandonarme a los sueños donde reinas Tú, Padre amado. Tu eres mi castillo fuerte, mi escudo y mi libertador, mi Dios en quien confiaré; mi misericordia, mi Dios y mi poder. Socorre, te suplico, las almas de aquellos que al momento de leer este mensaje, estén pasando por momento difíciles, pensando en abandonar Tu llamado en quitarse del camino, en soltarse de Tu manto santo. Escucha sus clamores, sus gemidos, sus llantos de dolor, angustia e impotencia y llénales con Tu paz, con Tu misericordia, Padre de la gloria. Restáuralos a Tu presencia y a Tu dominio, hazlos blancos como la nieve con la sangre del Cordero santo y renueva sus huesos, sus órganos y sus corazones con nuevas fuerzas, con una nueva y fresca unción y Rhema que provengan de Tu corazón, para que puedan levantarse y continuar el camino al que fueron llamados, te lo ruego en el Todopoderoso nombre de Tu Hijo amado Yeshûa HaMashiaj, amén.»


התהילה היא רק של ישוע המשיח
DIOS te bendiga.

Lea la Biblia en un año: 2 Crónicas 19 - 20; Juan 13:21-38 
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