La Santidad

Miércoles 23 de Agosto, 2017.

Devocional para Hoy
“La Santidad”
(Por: CF Jara)

«Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. » Hebreos 12:14

Hermanos buenos días, hoy continuamos el mensaje del Lunes pasado sobre los Tiempos Finales, reflexionando acerca de la ‘Santidad’ la condición sin la cual no podremos ser levantados en los aires el día de la Parusía. La Biblia dice que: «Sin santidad NADIE verá a Dios.» Es decir, si para el día del Rapto, un creyente no está en estado de santidad, entonces no será recogido, se quedará. El Espíritu Santo es claro, preciso y conciso acerca de esta condición. Ahora, el Diccionario de la RALE define a la palabra “santidad” como “una condición propia de uno que es santo”. Por su parte, la Biblia afirma que YHWH es el único Santo, y entre los santos, YHWH es el Santo de los santos, por lo tanto, la santidad le pertenece solo a Êl, es decir, la santidad está intrínseca en la esencia de Dios.

Entonces surge la pregunta del millón pues NADIE querrá quedarse para sufrir la Tribulación: ¿cómo hemos de cumplir el mandato de Dios de ser santos como Êl lo es, si la santidad no es una cualidad propia de nosotros los seres humanos? ¿Qué hemos de hacer? ¿Somos los creyentes humanos, por más creyentes que seamos, capaces de ser santos y vivir en santidad?

El camino a la santidad empieza desde que fuimos escogidos en el vientre de nuestra madre, pues –escribe Pablo- «A los que nos conoció, también nos predestinó a ser conformes a la imagen del Hijo.» Y el Hijo, aunque era Dios, era también hombre, y como tal, debía santificarse para el cumplimiento de Su ministerio en la tierra, a través de sufrir y padecer como humano, las experiencias de su niñez y juventud, pero sobre todo, el terrible suplicio que empezó en el Huerto de los Olivos y terminó con Su muerte en la cruz, tras largas horas de agonía y dolor terribles, fruto de la tortura cruel e inhumana que provocaron el colapso de Su corazón y de Sus órganos. Cristo murió como humano pero resucitó como Dios, mas debía primero presentarse al Padre para recibir la gloria eterna, es decir, la santidad del Santo. Por ello cuando el Señor se presentó a la Magdalena y ésta se acercaba a abrazarlo, Jesucristo le dijo «No me toques, aún no he subido a mi Padre.»

Ese es el punto mis queridos hermanos, los que hemos sido escogidos para ser salvos y vivir en la eternidad, también necesitamos pasar por el proceso de santificación, el mismo que empieza desde el inicio de nuestras edades y continúa en la adultez y va hasta la muerte; incluye dolores y sufrimientos que se originan en las tribulaciones, enfermedades, malas noticias, traiciones, soledades, muertes, divorcios, etc. El dolor es propio del calvario que tenemos que pasar como fase previa pero impostergable para alcanzar la santidad. Pero me dirán que tanto creyentes como los que no lo son, sufren a lo largo de sus vidas, dolores, tragedias y tribulaciones” lo cual es muy cierto, sin embargo, la presencia de Jesús en nuestro corazón, es la clave para que el padecimiento de una persona no sea en vano sino al contrario, la encamine a la santidad.

Mientras estemos en la tierra en este cuerpo mortal, no podremos ser santos, más si podemos caminar en ese camino estando en Jesucristo y en Sus mandatos, empezando con aceptar a Cristo en nuestra vida como nuestro Señor y Salvador, luego dar nuestro testimonio público de Jesús a través del bautismo en las aguas, entonces buscar con denuedo el bautismo del Espíritu Santo y finalmente pasar por el proceso de sanidad y liberación de nuestra alma, sea a través de la lectura constante y permanente de la Palabra de Dios o a través de los procesos guiados de liberación. Una vez que estemos limpios por completo de todo lo que el mundo depositó en nuestra mente y corazón, podremos entonces entender lo que es “caminar en Santidad” para esperar confiados el día en que el Señor nos recogerá para damos Su gloria, por lo tanto Su santificación y así podamos ver a Dios en la eternidad.

Oración:
Señor mi Dios, gracias te doy por haberme conocido en el vientre de mi madre y por haberme predestinado para ser salvo. Gracias por revelarme que sin Tu santidad no podré ver al Padre y gracias también por la enseñanza de Tu Hijo Amado de que es necesario sufrir las tribulaciones para morir al viejo hombre, al orgulloso, al vanidoso, al mentiroso, al fornicario al ladrón, al borracho, al blasfemo, para que Tú puedas darle vida al nuevo hombre, aquel que pueda bendecirte en medio de las angustias y los dolores de la vida. Porque esa es la esencia del santo, bendecir Tu nombre aún cuando no hay esperanza, cuando los diagnósticos dicen que no, cuando el hijo no vuelve de su vicio a pesar de que los ojos han envejecido en la espera, a pesar de la enfermedad que no cede, de la soledad que carcome, a pesar del molino de piedra que tritura los huesos. Darte la gloria y las gracias en todo tiempo y en todo lugar, y bendecir Tu nombre Señor, ese es el camino a la santidad. Declaro que Tú eres el Santo de los santos, por siempre y para siempre, en el nombre de Tu Hijo Yahshua HaMashiaj, amén y amén.


DIOS te bendiga.

Lea la Biblia en un año: Salmos 110-112; 1 Corintios 5
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La gloria es solo de Cristo Jesús.

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