Me sacó del fango

Jueves 28 de Mayo

Nuestro Pan Diario
“Atascado en el lodo”
(Por Marion Stroud)

Leer: Salmo 40:1-5
«Me hizo sacar […] del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña…» Salmo 40:2

La Biblia en un año: 1 Crónicas 19–21; Juan 8:1-27


¡Estábamos totalmente atascados! Mientras ponía unas flores en la tumba de mis padres, mi esposo apartó el auto para dejar pasar a otro. Había llovido durante semanas y el área para estacionar estaba inundada. Cuando quisimos irnos, descubrimos que el coche estaba atascado. Las ruedas giraban en el fango y se hundían cada vez más.

La única salida era empujarlo, pero mi esposo tenía mal el hombro y yo acababa de salir del hospital. ¡Necesitábamos ayuda! A lo lejos, vimos a dos jóvenes, los cuales respondieron alegremente a mis gritos y señas frenéticas. Felizmente, la fuerza de ambos reubicó el automóvil en el camino.

El Salmo 40 revela la fidelidad de Dios cuando David clamó pidiendo ayuda: «Pacientemente esperé al Señor, […] y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso» (vv. 1-2). Ya sea que este salmo se refiera a un pozo literal o a circunstancias desafiantes, David sabía que siempre podía acudir al Señor para que lo librara.

Dios también nos ayudará cuando lo invoquemos. A veces, interviene en forma directa, pero lo más habitual es que lo haga a través de otras personas. Cuando reconocemos nuestra 
necesidad ante Él (y quizá ante otros), podemos contar con 
su fidelidad.

Padre, te alabo por rescatarme del pozo profundo en que estaba. 
La esperanza llega con la ayuda de Dios y de los demás.

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